miércoles, 20 de junio de 2012

Hace tiempo.

Hace tiempo que no escribo aquí, y es mi sitio de escribir favorito. Al fin y al cabo, escribir en una hoja de cuaderno es efímero, material. Una hoja la puedes perder, o romper sin querer, o cualquier cosa.

La escritura material es efímera. Como la vida.
Sin embargo, los recuerdos son duraderos. Como la muerte.

Ah... la muerte... esa gran desconocida. Nadie la conoce, en el fondo. Todo el mundo la odia, sólo por hacer su trabajo. Algo natural, simple, tan simple, que asusta.

Siento no haber escrito en mucho tiempo, pero es que he estado liadilla con un par de cuestiones.
Y ahora, tampoco sé que decir. En fin, que no sé, que por fin se acaban las clases y llega el veranito guay.
¡Pues que bien! Que seáis muuuuy felices, porque en lo que respecta a mí, ahí sigo.

Con mi melancolía embotellada que sabe tan amarga.

Buenos días.

No puedo.

Me cuesta. escribo mas lento.
A veces lo atribuyo a que he pedido la disciplina; otras, a que no resulta fácil afrontar un desnudamiento así. A anbas excusa apelo cuando, preocupados  por los meses que pasan, mis amigos me interesan por si escritura. Pero también engo la convicción de que algo se ha roto en mí, de que algo se ha ido. No hablo del vacío, no hablo del desgarro de la pérdida. Hablo de la rabia con la que antes escribía.


En la frialdad de una relación los hechos distintivos del pasado se diluyen y se parecen a los de cualquiera. Una relación como la que he venido haciendo refleja mejor que cualquier digresión la sustancia volátil de la vida, la nada en la que todo queda cuando aparece la muerte.




Construyamos con el atre para que la verdad no nos destruya.